La Pitia

La Pitia

En la antigua religión griega, la Pitia, también conocida como Pitonisa, es el oráculo del templo de Apolo en Delfos.

Toma su nombre de «Pitón», la monstruosa serpiente que vivía en una cueva en el lugar del actual santuario y aterrorizaba a los habitantes de los alrededores del monte Parnaso antes de ser asesinada por Apolo, o de «Pytho», el nombre arcaico de la ciudad de Delfos.

La elección de la Pythia

Los sacerdotes de Delfos elegían cuidadosamente a la Pitia y se encargaban de interpretar o escribir sus oráculos.

Se esperaba que hubiera nacido legítimamente, que se hubiera criado con sencillez y que esta sencillez se reflejara en su ropa.

Debía ser virgen o al menos, desde el momento de su designación, vivir en castidad y soledad como esposa del dios.

Se la buscó preferentemente en una casa pobre donde habría vivido en la ignorancia de todas las cosas, siempre que pudiera hablar y repetir lo que el dios le dijera.

Si en la época arcaica la tradición establecía que la Pitia era una joven virgen, símbolo de pureza, parece que este criterio se fue abandonando en favor de la selección de una mujer de cualquier edad y estado civil, siempre que fuera un modelo de castidad.

Plutarco, que fue sacerdote de Apolo en Delfos del 105 al 126 d.C., se refiere a estas normas más recientes en la selección de una Pitia:

«La Pitia […] procede de una de las familias más honestas y respetables de aquí y siempre ha llevado una vida intachable, pero […] no trae consigo, cuando desciende al lugar profético, ninguna partícula de arte ni de ningún otro conocimiento; […] es verdaderamente con un alma virgen como se acerca al dios.»

Para hacer frente a la afluencia de consultores, había hasta tres pitonisas oficiando al mismo tiempo (dos titulares y un suplente) en el santuario de Delfos.

La consulta del oráculo

Originalmente, la Pitia pronunciaba sus oráculos una vez al año, el 7 del mes de Bysios, el aniversario del nacimiento de Apolo. En la época clásica, las consultas eran mensuales y siempre tenían lugar el día 7.

La Pitia se encuentra en el adyton del templo, sentada en un trípode sobre el abismo del que salen las exhalaciones proféticas de Apolo, el pneuma. Oculta a los ojos de los consultores, cae en un estado de trance, como si estuviera poseída por el dios.

Sus oráculos son incomprensibles para el común de los mortales y deben ser interpretados por sacerdotes cualificados, presentes en la consulta, que luego dan al consultante una respuesta por escrito.

Legitimidad del oráculo

El oráculo no siempre es aceptado por unanimidad. La pitonisa puede ser desacreditada cuando se la acusa de calumniar o laconizar, es decir, de tomar partido.

Se sabe que poco antes de la batalla de Salamina, durante las guerras medas entre una coalición de ciudades griegas y los persas dirigidos por Jerjes, los estrategas atenienses Temístocles y Arístides consultaron a Pitia.

Su respuesta, que auguraba consecuencias desastrosas para el campo ateniense si se involucraba en el conflicto, fue rechazada por los caudillos.

La acusan de calumniar, de laconizar, y obtienen, cosa rara en la historia del oráculo, una segunda consulta.

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